Entre finales de mayo y principios de junio, nuestros viñedos ecológicos despiertan en una de las fases más delicadas y fascinantes del ciclo de la vid: la floración. A simple vista, es un espectáculo casi imperceptible. Pero no te dejes engañar por su discreción: lo que ocurre en esas diminutas flores es pura alquimia natural.

Cada yema, formada la añada anterior, da paso a una inflorescencia —una agrupación de flores— que, si todo va bien, acabará convirtiéndose en un racimo de uvas. Y aunque pequeñas, las flores de la vid esconden toda la maquinaria de la vida: pedúnculo, cáliz, corola, cinco estambres y un pistilo que espera pacientemente la llegada del polen.

Durante este periodo, nuestros viñedos se visten con un aire etéreo, casi místico. Es el momento ideal para entender de cerca cómo empieza todo. Por eso, te invitamos a vivirlo en primera persona con nuestra experiencia de enoturismo Ruta Terroir. Camina entre cepas en flor, descubre los secretos de nuestras variedades y siente el pulso de la tierra en el instante exacto en que nace el vino.

