Descorchas una botella de cava, la sirves en la copa y te preparas para vivir una experiencia sensorial. Detrás de cada copa de cava hay una técnica que permite descubrir matices, aromas y sensaciones que se revelan cuando le regalas toda tu atención. Si quieres apreciar un cava como lo haría un sommelier, sigue estos pasos.
Vista
El ritual comienza con la mirada. Sirve el cava en una copa tipo flauta o tulipa —ideal para conservar el aroma y la efervescencia— y obsérvalo a contraluz. Un sommelier valora la limpieza y el color: los tonos pálidos, dorados o verdosos indican juventud; los dorados intensos, mayor crianza. También presta atención al rosario de burbujas: cuanto más finas y persistentes, mayor calidad.
Nariz
El siguiente paso es acercar la copa sin agitar demasiado. En los cavas jóvenes se perciben aromas frescos —manzana verde, pera, flores blancas—; en los de larga crianza, aparecen notas de pan tostado, frutos secos y brioche. Un sommelier distingue entre la primera nariz (los aromas iniciales) y la segunda nariz (los que se revelan tras mover ligeramente la copa).
Boca
Da un primer sorbo pequeño, solo para preparar el paladar. En el segundo, deja que el cava recorra toda la boca. Analiza la acidez, el cuerpo y la textura de las burbujas. Un cava bien equilibrado será fresco, vibrante y cremoso. Evalúa también el retrogusto: los grandes cavas dejan una sensación larga y elegante, con ecos de fruta o panadería.
Valora
Finalmente, integra lo que has visto, olido y probado. Los sommeliers califican el cava según su equilibrio entre frescor, complejidad y persistencia. No se trata solo de identificar sabores, sino de entender cómo se combinan y evolucionan en cada sorbo.
Catar un cava como un sommelier es detener el tiempo unos segundos para descubrir cómo la uva, el trabajo y la paciencia se transforman en una experiencia que celebra la precisión y el placer.
Para profundizar en el aprendizaje, te recomendamos realizar una cata vertical, probando distintas añadas de un mismo cava para analizar cómo evolucionan sus matices con el tiempo, o una cata entre monovarietales parcelarios, como la colección Milesimé, que permite reconocer cómo la variedad de uva y el terroir forjan el carácter y la personalidad de cada cava.
